Noticias sobre ciencia y vida saludable
Inicio       Buenos Hábitos       Historias de vida       Remedios Naturales       Recetas Saludables       Belleza       Perder Peso       -> Espiritualidad <-       Curiosidades

Equivocarse es defecto de todos. Aceptar el error y pedir disculpas es una virtud de pocos.

Si las personas supieran todo lo que se gana pidiendo perdón después de haber cometido una ofensa, ¡qué mundo maravilloso tendríamos!

¿Por qué es tan difícil pedir perdón? Los seres humanos somos personas sociales y establecemos distintos tipos de relaciones: de pareja, de amistad de familia, de trabajo… Y como es lógico, los desacuerdos y los conflictos siempre aparecen. A veces sin saberlo y otra veces con intención, suele ocurrir que alguien nos ofende o que nosotros caemos en una mala actitud. Con esto nos sentimos heridos o herimos a otros y por lo general, son esas mismas personas que amamos.

Con algunos resulta más fácil disculparse de manera sincera, pero en ocasiones, pedir perdón resulta extremadamente difícil.

En primer lugar, la idea de pedir perdón puede provocar miedo. Dentro del miedo se esconden otros sentimientos como sentirse relegado, mostrarse débil, humillarse… Son muchos los obstáculos que debemos sortear antes de ser capaces de asumir nuestras responsabilidades y disculparnos de manera sincera.

Reconocer de manera abierta que hemos cometido un error es un signo de inteligencia emocional y una forma de demostrarle al otro que nos interesa y que queremos mantener la relación. Esto es válido para todas las circunstancias y todas las edades incluso cuando somos padres y nos excedemos en cuestiones con nuestros hijos; saber disculparse y reparar la relación cuando les hemos faltado el respeto también es una forma de educar, porque con esta actitud les estamos enseñando que nadie está por encima de otro y que todos debemos disculparnos cuando hemos cometido una falta. De esta manera, también nos convertimos en modelos de identificación. ¡Buenos modelos de identificación!

El psicólogo Nicolas Guéguen, profesor e investigador social de la Universidad de Bretaña, Francia; realizó un experimento entre sus propios alumnos.

En este estudio, una persona que camina por la calle de manera distraída golpea a otra con el hombro. Las diferencias estaban en cómo golpeaba a la persona. En un caso, lo hacía de forma violenta para luego disculparse de manera vehemente y en el otro, simplemente rozaba a la persona, pero sin disculparse.





Pero lo interesante del estudio, era que después de golpear a la persona en el hombro, dejaba caer una hoja de la carpeta que llevaba en la mano. El estudio reveló algo sorprendente: cuando la persona golpeaba de manera violenta pero se disculpaba, el 90% de las personas le hacían ver que se le había caído una hoja, mientras que en el caso de los que apenas rozaban el hombro del pasante pero no se disculpaba, sólo un 58% le advertía que había perdido una hoja.

Como podemos ver, lo importante no es el daño causado si no el arrepentimiento y la intensidad con la que nos disculpamos por la falta cometida.

Y entonces… Si arrepentirse y disculparse nos aporta tantos beneficios, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo?

“Pedir perdón, es reconocer una falta”, explica Marisa Vaillant, psicóloga clínica. Al parecer, preferimos tener razón y adjudicarle el origen del problema a otro: “me equivoqué por culpa de él”. Incluso los niños lo hacen cuando dicen: “¡Él empezó!”

Otro dato interesante es el que tiene que ver con cómo se percibe la ofensa y el pedido de perdón en ambos sexos.

Al parecer, las mujeres somos más proclives a pedir perdón que los hombres y esto tiene que ver con que comprendemos mejor una situación hiriente, pero somos al mismo tiempo las que más exigimos un pedido de disculpas ante una falta cometida.

Pedir perdón: el momento justo y de buena manera.

Una vez que hemos asumido nuestro error y hemos tomado la decisión, hay que dar el gran paso. Pero… ¿Cómo hacerlo?

Otra vez la psicóloga Marisa Vaillant nos da algunas pistas: “es importante encontrar el buen momento y la manera justa de pedir perdón. En cuanto a si debe ser personalmente o por escrito, depende de la falta cometida, el grado de enojo de la otra persona o el sentimiento de culpa de cada uno.

Hablar cara a cara es lo más conveniente cuando se trata de conflictos superficiales, sin embargo, si nos enojamos con una hermana con la que no hablamos desde hace 10 años, es preferible establecer un primer contacto por medio de una carta. De esta manera, le damos al otro la posibilidad de pensar y de elaborar su propia reacción en el momento. Es necesario evitar palabras banales como “perdón” o “lo siento”, porque hace sentir al otro que las disculpas no son sinceras. Es preferible desarrollar el tema y darle cierta solemnidad a la expresión de nuestros sentimientos.”

Pedir perdón o disculparse por una falta cometida, no es fácil; pero es una actitud adulta, que revela madurez, que en el fondo nos hace sentir bien y hace sentir bien a otros. Después de haber cometido un error y en especial si es un error grave, no podemos esperar que al otro simplemente “se le pase el enojo”. Debe haber un reconocimiento sincero del daño ocasionado para poder ayudar a curar esa herida y recuperar la relación.

A la larga, pedir perdón es en beneficio de todos.

¿Puedes perdonar a alguien cuando se disculpa de manera sincera? ¿Eres capaz de pedir perdón si te has equivocado? ¡Cuenta tu experiencia y comparte!





Los consejos de saludable.guru son sólo para fines informativos y educativos. saludable.guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

Al usar nuestro sitio web, está de acuerdo con que utilicemos cookies. Más info
.

Comparte esto con tu familia y tus amigos. Aprieta el boton de abajo.




Deja tu comentario sobre lo que viste